El gap year o año sabático

estudiante disfrutando de un gap year

 

Por Alberto de Prada

Hace unos años, cuando realicé mi año Erasmus en Dinamarca, un país caracterizado por la alta calidad del sistema educativo, me di cuenta que la mayoría de mis compañeros de clase eran mayores que yo. Por aquel entonces, yo estaba cursando asignaturas de máster de Economía y Management que se supone que correspondían a mi quinto y último curso de la Licenciatura en Economía. Cuando pregunté a mis compañeros daneses de residencia, ellos me dijeron que esto se debía principalmente a lo que se conoce como el “gap year”.

Cuando un estudiante danés termina su educación secundaria, lo que viene siendo el Bachillerato español, no aplican directamente para estudiar en una universidad, sino que se toman un año (en algunos casos más) para viajar al extranjero y aprender idiomas, trabajar y pensar a lo que quieren enfocar su vida. Cuando un estudiante realmente encuentra su vocación o motivación para continuar con sus estudios superiores lo hacen con unos objetivos claros y con una dedicación muy superior a lo que lo puede hacer un estudiante que está estudiando en la universidad simplemente por que se haya dejado llevar por la influencia de sus padres, amigos o familiares.

Quizá esta, sumado a los bajos costes de la universidad española, sea la causa por la que en los últimos años hemos vivido una burbuja universitaria en la que, en el mejor de los casos, nos encontramos ante miles de estudiantes diplomados o licenciados, la mayoría de ellos sin vocación ni especialización alguna que deambulan sin rumbo por un escenario económico sin precedentes y con un mercado laboral español prácticamente inexistente. Muchos de estos jóvenes ingenieros, economistas… optan por, una vez finalizados sus estudios, marcharse a realizar algún curso de inglés mientras intentan cubrir sus costes fregando platos o haciendo las camas de un hotel.

Esta secuencia sin duda es un error de planificación y previsión ya que muchos de estos estudiantes ni siquiera sabían qué carrera elegir cuando tenían 17 o 18 años entrando a cursar sus estudios superiores por mera inercia de su entorno, tomando una decisión lejos de ser óptima que, al menos, les marcará su futuro más cercano.

Mi sorpresa fue cuando el otro día, charlando con un compañero de universidad que actualmente trabaja en Timor Oriental como supervisor de proyectos económicos, me comentó que este “gap year” era algo muy común entre los estudiantes de todas nacionalidades y con mucho más sentido de lo que, a primera vista, podría parecer.

¿Por qué es, en la actualidad, todavía más importante este “gap year” para los estudiantes españoles?

Volvamos al ejemplo danés. Dinamarca es un país de unos 5 millones y medio de habitantes (un 25% menos de población total de Cataluña) con su lengua propia que depende fuertemente de otras lenguas como el alemán o el inglés para el desarrollo de su economía. Pues bien, esto es exactamente lo que está sucediendo actualmente en España. Es cierto que, a pesar de que el español es un idioma mucho más grande (el tercero más hablado del mundo), a día de hoy con nuestro mercado de trabajo, los innumerables recortes en el sector público que prácticamente imposibilitan la incorporación a éste y un paro juvenil por las nubes, tenemos una total dependencia de otras economías exteriores y, por tanto, de otros idiomas, principalmente del inglés, el idioma más importante del mundo desarrollado y el más usado en contextos internacionales y de negocios.

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